Noir suburbano

April 7, 2006

 

ANDY ROBINSON - 07/04/2006 - 07.44 horas - Para LA VANGUARDIA

Como se ve en Mujeres desesperadas, Los Soprano y, de forma aun más sorprendente, en el nuevo “soap” mormón Big Love, el noir suburbano es lo que más excita a los televidentes estadounidenses.

Quizás es porque todos sabemos ya que en el sueño anti urbano de las viviendas "McMansion" del Condado de Orange (California) , de Salt Lake City o de New Jersey se esconde algo francamente desagradable. Algo como aquellos insectos que aparecieron, zumbando y siseando, cuando la cámara de David Lynch se adentró en las raíces del césped suburbano de Los Ángeles en su película Terciopelo Azul (1986). En tiempos de Blue Velvet, o, como reflexiona esta semana David Carr en el New York Times, incluso los del Ice Storm (Ang Lee, 1997) o American Beauty (Sam Mendes, 1991), “resultaba atrevido y provocativo plantear que la America suburbana era un lugar teñido de emociones demasiado oscuros para una fiesta Tupperware”. Ahora, sin emabrgo, el noir suburbano es género del "prime time”, y Mujeres desesperadas, emitido en abierto por la ABC, cuenta con una audiencia mayor de doce millones, incluso la serie actual que es repetida. La casa unifamiliar suburbana ha perdido su inocencia y, hoy en día, aunque la gente sigue mudándose a las afueras “nadie identifica la baja densidad de edificación y población con la dulzura y la luz”, dice Carr.

“Nadie” -habría que añadir-, con la excepción del comentarista neoconservador David Brooks que aun cree en la virtud esencial de la América suburbana, la frontera del viaje sin fin que la clase media estadounidense emprende para mejorarse a si mismo, según sostiene inverosimilmente en su libro, "On Paradise drive" (Simon and Schuster , 2004). Los estadounidenses suburbanos son tan virtuosos, bajo la óptica de Brooks, y tienen tanta “energía y productividad”, que, pese a limitarse a buscar “un lugar para perseguir sus sueños privados… una casa simpática (“nice” es el adjetivo que repite) con un patio simpático y una carrera simpática y niños simpáticos en escuelas simpáticas” han creado, casi sin darse cuenta, una superpotencia a la que todo el mundo odia con visceralidad, “desde Osama Bin Laden y Sadam Husein hasta manifestante antiglobalziacion”. ¡Ay pobres residentes extra urbanos de Dayton (Ohio), tan mal comprendidos! El elogio de Brooks a la América Media suburbana tiene todos los componentes ideológicos del nuevo republicanísimo de George Bush, un extraño victimismo de los mas poderosos, respecto a las “elites progresistas urbanas” y respecto al mundo entero. Pero, en el fondo, ni sus héroes suburbanos se creen tan virtuosos. En las nuevas urbanizaciones valladas de Arizona, Nevada, Colorado o Virginia –las zonas de mayor crecimiento demográfica del país- o en la ciudad jardín de New Jersey, todo el mundo esta viendo Mujeres desesperadas y Los Soprano.

Los Soprano va de gangster, pero es el ejemplo mas claro del genero de noir suburbano. Ahora en la sexta serie, es una institución cultural en Estados Unidos y lagente se fascina por la vida íntima y rutinaria de la familia gangster del barrio suburbano de New Jersey interrumpida por estallidos de violencia atroz.

El impacto de la nueva serie se ve de distintas formas. Acaba de ponerse en venta un libro, supuestamente escrito por Tony Soprano (James Gandolfini) y su mujer, Carmela (Edie Falco) , de consejos domésticos que explica –a la manera de la diva de “estilo de vida” de la America Media Martha Stewart- cómo organizar una boda para la hija, preparar profiteroles, o elegir un buen puro. Los Soprano pueden parecer el colmo del mal gusto suburbano, nuevos ricos sin arte y con licencia para matar, pero muchos en EE.UU. quieren aprender de ellos. Turistas del interior hacen cola en Times Square para las llamadas Soprano tours, giras turísticas al otro lado del túnel de Lincoln por los locales del rodaje en New Jersey que por 40 dólares te invitan a “comer en el “diner” -cafeteria- donde Chris fue asesinado” o escuchar a Frank Sinatra mientras se contempla la carnicería de cerdo Satriale’s. El merchandising de la serie solo acaba de empezar. La fabricante de comidas elaboradas CoolBrands International acaba de estrenar una nueva línea de helados Sopranos y HBO puede incluir el producto en la serie.

Mezclando los sueños más banales -jubilarte en un chalet en Florida, como pretende un matón a sueldo de Tony en la primera entrega de la nueva serie- con la violencia más atroz (el ahorcamiento del mismo hit man), los Soprano seduce al público estadounidenses que entiende, en contra de los deseos del ideólogo Brooks, que todo no es lo que parece. Las ultimas noticias de que Tony Sirico, que interpreta al mafioso Charlie Walnuts, era, en la vida real, un gangster en los años setenta, que en una ocasión amenazó con grabar con navaja sus iniciales en la frente del dueño de una discoteca neoyorquina, añade morbo. Mujeres desesperadas, sustituye la violencia de la mafia de la New Jersey por el sexo y el engaño ocultos en los cul-de-sac arbolados de Wisteria Lane , en Connecticut, otra geografía del noir suburbano. En el nuevo reality show, Housewives of Orange County, la realidad imita el arte. La cara oscura de la America media vuelve a aparecer en la nueva serie de HBO, Big Love, producido por Tom Hanks, la historia de una relación polígama en la ciudad mormona de Salt Lake City. Más vale no pensar lo que dicen de la serie -protagonizada por la femme fatal del nuevo cine estadounidenses Chloe Sevigny- en el estado de Utah, que se considera un refugio del vicio y la maldad de la sociedad moderna que prohibió la poligamia mormona en 1980. En Big Love que se estrenó hace dos semanas, una paranoia ya se extiende entre las tres mujeres y siete hijos de Bill Henrickson, un “nice guy” donde los haya en Utah. Los vecinos empiezan a sospechar y la deuda por tarjeta de crédito de una de las tres esposas asciende a 60.000 dólares. A Bill le persigue un lobo en sus sueños pese a que lo matara en una expedición de caza con su hijo. Se compara la serie con Twin Peaks de Lynch, otro ejemplo, según el New Yorker, de que en la America suburbana “lo mas profundamente extraño puede estar escondido en nuestra propia calle”.

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