Atlas Ambiental de Buenos Aires

June 19, 2006
 
 
Fuente: Diario Página 12, Argentina
 
El Atlas Ambiental de Buenos Aires es un proyecto de investigación y desarrollo financiado por el Conicet, la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica, la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Buenos Aires y el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Inicialmente iba a ser un libro, pero la doctora Paulina Nabel y el arquitecto David Kullock, directores del equipo, decidieron ampliarlo a un soporte que pudiera editarse a medida que los contenidos fueran llegando. La página web se convirtió en el proyecto principal por ser mucho más versátil que un libro. Y además es actualizable, gratuito, universal e interactivo. La idea es poner a disposición del público todos los aspectos naturales y antrópicos del Area Metropolitana de Buenos Aires. “Los investigadores tenemos la responsabilidad de hacer una transferencia de nuestros conocimientos a otros investigadores y a quienes gestionan”, dice la geóloga Paulina Nabel. “Nos fijamos cómo lo habían hecho en otros lugares del mundo y nos topamos con varios Mapas Ambientales muy buenos. Hay uno interesante para la ciudad de Berlín, otro para todo el territorio de Estados Unidos, uno muy completo para Canadá, otro en ciudad de México y uno bellísimo de Porto Alegre. Todos realizados por investigadores de primer nivel en cada área.” La característica principal que debían tener los investigadores reclutados para el Atlas Ambiental porteño fue la de no ser transcriptores de información, sino que la supieran obtener en campo, por sus propios medios. “La buena información siempre está dispersa”, sigue explicando Paulina. “La cuestión fue convocar a los mejores en cada tema: en suelo al INTA, en agua a la gente del Instituto Nacional del Agua, en meteorología a la UBA.” EL PROYECTO El objetivo del proyecto es volcar toda la información ambiental sobre mapas del Area Metropolitana de Buenos Aires y hacer que esa información gráfica se hipervincule con textos e imágenes. “Como geóloga puedo escribir un texto sobre la geomorfología de la costa de Buenos Aires, pero hasta no relacionar lo que yo escribí con las investigaciones de los sociólogos, urbanistas y biólogos no se puede suponer cómo influyen sobre la misma porción de territorio mis investigaciones en las inundaciones, en la población que vive allí y en sus servicios.” Varios profesionales observan el mismo punto de la ciudad en sus microscopios. Dan su opinión. Luego, alguien cruza todas las miradas. Del cruce saldrán nuevos descubrimientos, soluciones, modos de frenar a tiempo lo que de otro modo sería irreparable. Así como los viajeros del siglo XV hacían sus grandes descubrimientos cuando viajaban en sus barcos, los cibernautas de hoy hacen sus descubrimientos cuando la información se encima. “En México se acaba de descubrir, gracias a esta tecnología, que todos los hospitales de alta complejidad del DF están alojados arriba del sistema de fallas geológicas más severas, por lo que un movimiento sísmico dado podría eliminar de una vez todo el sistema hospitalario… ¡cuando más se lo necesitaría!” Cruzar parece ser la palabra del futuro. El célebre crítico catalán Ignaci de Solá Morales (es el que reconstruyó el Pabellón de Barcelona de Mies Van der Rohe en el Montjuic) se refiere a la nueva crítica urbana en su libro Topografía de la arquitectura contemporánea, usando estas palabras: “Desde una multiplicidad de plataformas la crítica actual puede acometer la construcción de mapas, de descripciones que, como en las cartas topográficas, muestren la complejidad de un territorio, la forma resultante de agentes geológicos que se enfrenten a una masa aparentemente inmóvil pero surcada por corrientes, flujos, cambios e interacciones que provocan incesantes mutaciones”. La masa es la arquitectura, los edificios. Ya nadie podrá leer críticamente la arquitectura sesgando una época, haciendo un corte histórico y apartándola de los demás datos. Ya nadie podrá separarla del todo, como hicieron en su momento Kennet Frampton o Bruno Zevi. Lo que queramos apartar, a partir de la nueva tecnología, deberemos obligatoriamente referirlo al todo, al cruce de caminos. Del cruce aparecen las nuevas informaciones. Si hoy tuviéramos que buscarle una ubicación al aeropuerto Ministro Pistarini, seguramente no lo ubicaríamos en la zona de mayor concentración de niebla de toda la ciudad. LA TECNOLOGIA La poca cantidad de Atlas Ambientales del mundo se debe a que la tecnología a utilizar es muy joven. Está basada en mapeos GIS (Geographic Information Systems), que son planos geo-referenciados en los cuales se puede manipular la información digital. Es la tecnología del GPS que utilizan los barcos y algunos vehículos terrestres. Un GPS para el auto se consigue en Madrid por menos de 600 euros. La tecnología del GPS permite saber dónde queda cualquier punto del planeta en coordenadas de longitud, latitud y altura. El GIS es lo más avanzado. Antes de la aparición del software gratuito Google Earth, todos los planos eran en dos dimensiones; ahora son en tres. Al Atlas Ambiental de Buenos Aires se puede entrar por las unidades de Paisaje, por las unidades Temáticas o por los Mapas Interactivos. Las unidades de Paisaje analizan el territorio desde la geografía, en planta y en corte. El área del Atlas ocupa todas las cuencas hidrográficas de la región y abarca la costa que llega hasta Quilmes, toda la mancha urbana del AMBA, un sector rural, el delta del Paraná y el Río de la Plata. Las unidades Temáticas son catorce. Nueve de ellas tratan esencialmente de la planicie pampeana; las otras cinco, de la zona urbana. Finalmente, la unidad de Mapas Interactivos agrupa múltiples mapas y tablas que, como layers o calcos, se pueden superponer al buscar temas. El tiempo de navegación total es aproximadamente de cuatro horas, y solamente está subida la mitad del material. La versión inicial del Atlas estará terminada en abril de 2007, aunque la idea es ir actualizándolo en una comisión permanente, dado que los datos bioambientales y geográficos de una ciudad son cambiantes. LA PROYECCION “¿Y el futuro de Buenos Aires?”, les pregunto. “¿Se podrá ver?”.Hernán Bisman, vocero del Atlas, contesta: “La proyección del efecto invernadero y del crecimiento del calor en toda el área metropolitana permite hacer futurología en la cuestión de los climas. Y en la zona del delta podríamos hacer proyecciones del crecimiento de las tierras”. Los datos actuales ya están presentes en la sección Ecología. Explica cómo arrancaron las islas de un lugar que no era el que hoy ocupan y muestra adónde podrán llegar en base a la sedimentación de las corrientes. También hay futurología en las proyecciones para controlar catástrofes naturales (en nuestra ciudad, inundaciones). Y están enumeradas las previsiones a futuro: hasta dónde y cómo crecerán los subtes, los trenes y los servicios. Cruzar futuras estaciones de trenes con alertas meteorológicos y crecimiento poblacional podría servirles a los especuladores para valuar tierras en el mañana. Sin embargo, los más de 500 usuarios actuales registrados en el sitio son gente con los pies en la tierra: arquitectos que precisan saber resistencias de suelo, urbanistas que estudian cambios de trazados y densidades, políticos que toman decisiones a nivel de gestión, profesores que hacen sus doctorados y hasta un ama de casa que les escribió diciendo que tenía en su sótano unas cucarachitas amarillas durísimas que había identificado por el Atlas. Sencillamente quería saber de dónde habían venido y cómo hacer para sacárselas de encima.

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