Nro. de Arquitectos en Europa

September 29, 2006

Número de arquitectos cada 1000 habitantes en los países Europeos

 

La Casa del Puente, de Wiliams

September 27, 2006

 

Citada en los libros de arquitectura del mundo, visita obligada de estudiantes y profesionales del área, la Casa del Puente fue consumida por un incendio en 2004. La obra del arquitecto Wiliams, ubicada en Mar del Plata, es tema de una Jornada en la Casa Curutchet

 
El 7 de septiembre de 2004 no fue un día más en Mar del Plata: el fuego se cobró como víctima una de las obras paradigmáticas de la arquitectura moderna. Un incendio consumió la Casa del Puente y en el predio de dos hectáreas de parque ubicado entre las calles Matheu, Funes, Saavedra y las vías del ferrocarril General Roca, sólo quedó la estructura de hormigón en forma de arco, edificada sobre el cauce del arroyo Las Chacras.
La Casa del Puente, obra del arquitecto Amancio Williams (1913-1989) fue proyectada en 1943 y construida 2 años después. Fue la residencia del padre del arquitecto, Alberto Williams, reconocido compositor y director de orquesta. Allí funcionó, en la década del 70, Radio Mar del Plata, y en 1997 fue declarada Monumento Histórico y Artístico Nacional.
Amancio Williams fue miembro de la Academia Nacional de Bellas Artes y Doctor Honoris Causa de la Universidad Nacional de Buenos Aires. Estudioso e investigador, Williams se convirtió en el último representante del período purista del movimiento moderno, e introdujo cambios que revolucionaron la forma de entender y ejercer la arquitectura en el país.
Muchas de sus obras, como la Casa del Puente, tres hospitales para la provincia de Corrientes, el Pabellón de Exposiciones de Palermo, muebles, interiores y monumentos, obtuvieron distinciones internacionales y fueron publicadas en libros y revistas especializadas de distintos países. Arquitectos como Le Corbusier, Georges Candilis y Max Bill elogiaron la obra de Williams.
El destino quiso que se cruzaran las trayectorias profesionales de Wiliams y de Le Corbusier. Y el escenario elegido fue nuestra ciudad (La Plata, Bs As, Argentina), en la casa que el médico cirujano Pedro Curutchet había encargado al arquitecto, urbanista, teórico de la arquitectura y pintor suizo-francés. A fines de 1949, cuando comienza la obra, la Dirección Técnica estuvo a cargo de Amancio Williams, por sugerencia de Le Corbusier.
Más de medio siglo después, la Casa Curutchet es sede de las Jornadas sobre la Casa del Puente, que, organizadas por el Colegio de Arquitectos de la provincia Distrito IX, comenzaron la semana pasada y continuarán durante este jueves y viernes.
 
Fuente: http://www.diariohoy.net/notas/verNoticia.phtml/html/268480384/ 

 

La precaución de un proyectista

September 17, 2006

El Planetario ya es un edificio peculiar. Pero la historia de su construcción es más peculiar todavía. Gustavo Nielsen cuenta los cálculos imposibles que lo erigieron, la superstición que lo sostiene y el secreto escondido en sus entrañas que una noche Ray Bradbury se propuso encontrar.


 



 
El Planetario segun Nielsen: escritor, arquitecto y dibujante, el autor quiso ademas ilustrar su nota sobre el misterio del edificio mas raro de Buenos Aires.

     
Por Gustavo Nielsen

Creo que esta anécdota me la contó el arquitecto Manuel Net, director de la biblioteca de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UBA. A Net se la contó, si la memoria no me falla, el ingeniero Konstatin Jemzow de la Revista de Arquitectura. Involucra al arquitecto Enrique Jan, autor del Planetario Municipal –hoy Galileo Galilei– y al libro Crónicas Marcianas de Ray Bradbury. Cuando Jan diseñó el Planetario, tenía un cómodo puesto en la Municipalidad, en la parte de Obras Públicas. El caso es que la anécdota es verdadera, aunque parezca rara.

LA HISTORIA

Jan era un hombre corpulento, de mandíbula cuadrada. Había soñado con el encargo del Planetario y lo había conseguido. Los primeros dibujos armaban una semiesfera montada sobre un solo pilar cilíndrico central, rigidizado por el núcleo de escaleras y el ascensor. Los ingenieros que vieron ese esquema le dijeron que estaba loco. De ahí pasó a apoyarlo sobre una mesa de cuatro patas de hormigón, y finalmente sobre las tres grandes patas que hoy conocemos. Era una estructura arriesgada pero a la vez sencilla; interesante, aunque simple.

El arquitecto Jan era, por aquellos tiempos de 1960, un joven de una superstición tan sutil como su sonrisa. Tenía predilección estática por las cáscaras de hormigón armado y los triángulos esféricos que compartía con su amigo el ingeniero Carlos Laucher, el primero que le puso números a la estructura del Planetario. Eran, a su modo, modernos.

Cuando le preguntaron a Jan, luego de muchos años, por qué había utilizado la figura del triángulo equilátero como módulo para diseñar todo su edificio, él no dio la respuesta racional, sino la mística. Laucher hubiera contestado: “El triángulo representa la estática”. Jan dijo: “El triángulo encierra en sí mismo un principio simbólico de unidad primigenia, sugiriendo lo ocurrido desde la partícula elemental hasta ese desarrollo cósmico en el cual estamos inmersos”.

La sala de proyección del Planetario, ésa que todos conocemos, está directamente apoyada sobre el casquete esférico de las tres patas. El techo de la sala es una cúpula de ocho centímetros de espesor por once metros y medio de radio. Está recubierto por afuera por 960 paneles prefabricados, que son los que le dan al techo la graciosa característica de una cesta de paja puesta como sombrero. Por adentro, la misma cúpula está revestida por una estructura semiesférica de aluminio perforado pintado de blanco, sobre el que se proyectan los cielos de las exhibiciones. Revestida es un decir, porque la cúpula interior se despega más de un metro de la superficie de la cáscara de hormigón, dejando un espacio considerable para instalaciones de sonido, materiales aislantes y cables. Este es un detalle importante: entre ambas cúpulas, la interna y la externa, hay un pasillo circunvalador por el que puede caminar una persona. Es un lugar oscuro y húmedo, reservado a los técnicos.

Cuando Jan insistía, al principio, con un solo tallo central de sostén de todo el edificio –“a lo Wright”, dicen que decía–, y toda la ingeniería argentina se le oponía por osado, él siempre apelaba a que tenía algo que lo iba a salvar en caso de riesgo. Cuando le pedían que fuera más explícito, Jan se quedaba en silencio, mirando el cielo.

EL AMULETO

Jan había leído The Martian Chronicles en inglés, en el verano del ‘59, en una primera edición del libro que una amiga le había traído desde Estados Unidos. El mismo Bradbury había dicho, en un viejo reportaje de radio, que la primera edición de Crónicas poseía ciertos poderes especiales. Divinos, protectores. Como si esa primera edición fuera un libro mágico. El libro de Jan databa del año 1946. Era un ejemplar ajado y marrón, del que no se hubiera desprendido por nada del mundo, salvo para evitar una posible tragedia. Nadie entendió nunca lo que Bradbury quiso decir. Nadie, excepto Jan.

El problema central del Planetario fue la pelea entre Jan y la Compañía de Construcciones Civiles SAIyC por el excesivo espesor y forma estructural del casquete de hormigón que la empresa quería darle, y el arquitecto no. Esos nuevos espesores no eran los que había calculado su amigo Laucher. Los espesores de hormigón de Laucher son los que vemos hoy: hacen del Planetario un edificio liviano y efectivo, como una nave espacial apenas posada sobre el pasto. Pero a Jan le costó que la empresa constructora los aceptara. Para ellos, un casquete tan fino desafiaba las leyes de la gravedad más de lo que debería permitirse un arquitecto precavido de la Municipalidad. Y Laucher, en medio de la discusión, decidió abandonar la firma de su propio cálculo estructural, lo que dejó a Jan sin opciones. Para que el edificio saliera tan esbelto como lo había dibujado, debía correr personalmente con todos los riesgos del asunto. Entonces Jan se jugó por los delgados números de su amigo. Nadie que hubiera visto el porte de Jan, hombre confiado a la geometría y a la matemática, habría adivinado que, por esos días, llevaba los dedos cruzados adentro del bolsillo de su chaqueta de tweed.

Desde el comienzo de la excavación del Planetario, en julio de 1962, hasta la terminación del hormigonado de la cúpula, en diciembre de 1964, transcurrieron unos treinta meses. La anécdota de Net dice que Jan cortó en tres partes el libro milagroso y puso cada parte en una cajita metálica a la que les hizo soldar las tapas. Después, las perdió en el hormigón armado, una caja por pata. Varios obreros lo vieron hacerlo. A Jan no le importó. Su edificio estaba “protegido”.

Para cortarlo, otro cuento dice que no lo hizo dividiendo el libro por capítulos, como si fueran fascículos, sino que el corte fue hecho con una guillotina, perpendicular al lomo. Supongo que era más importante que las tres partes fueran iguales, a que se pudieran leer. Adentro del hormigón iba a ser imposible que alguien buscara una historia entre sus páginas veladas. La oscuridad total le iba a dar inmunidad al acto de cortar un libro.

Particularmente, no creo que lo haya cortado. Tal vez yo pienso como escritor, y un escritor no rompería jamás un libro que ama. Yo, de haber apelado a esa protección supersticiosa, simplemente lo hubiera escondido entre las dos cúpulas, adentro de un parlante falso. Eso debe haber creído también Ray Bradbury, el día que le contaron esta anécdota, y es por eso que allí lo fue a buscar. Habían pasado más de treinta años y el Planetario seguía en pie. Y a Ray no le quedaba ya ningún ejemplar de su primera edición.

LA CENA

El 26 de abril de 1997, Bradbury vino a la Argentina. En un acto que duró cuarenta y cinco minutos fue designado Visitante Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires, reconocimiento recibido en el Planetario con el cielo austral, que no conocía. Le enseñaron la forma de orientarse mirando la Cruz del Sur. De ahí lo llevaron hasta Marte. Ray parecía encantado, aunque miraba hacia todos lados, como buscando algo. Preguntó a la gente de maestranza por el espacio entre las dos cúpulas, y le dijeron que estaba restringido a los técnicos. La idea de visitar el Planetario había surgido de él mismo, en una carta dirigida al director, profesor don Antonio Cornejo. El director reenvió sus deseos al jefe de Gobierno de la ciudad, y las cosas se complicaron para Ray. La verdad era que no quería tanta pompa: hubiera preferido una reunión menor. Por eso se le ocurrió lo de la cena con jóvenes escritores locales. Llamaron desde el mismo Planetario a Alfaguara, Planeta y Sudamericana. A las tres de la tarde yo era uno de los destinatarios de esa convocatoria. Me sorprendió la urgencia: era para esa misma noche. Después me enteré de que, antes de ubicarme, habían pasado por otros varios escritores jóvenes –en el año ‘97 yo era realmente joven–, que desistieron por tener otros programas. Y aunque yo también tenía otro programa para esa noche, lo cambié: una cena con Ray Bradbury era lo que más quería, y todavía hoy es la invitación que más agradezco a los de Alfaguara. Un lujo.

Para la cena desatornillaron veinte butacas de la sala, y armaron una mesa sobre caballetes. Sirvieron un catering modesto, de carne y papas al horno, con flan de postre. No hubo traductor, por lo que los que quisimos hablar con Bradbury y no sabíamos inglés, nos quedamos casi en ascuas. Además, el rápido rejunte de escritores nos había reunido en un grupo dispar. Había una periodista venezolana, Mori, y una poeta autoeditada de bajo rango de nombre María, más dos o tres estrellitas locales, y yo.

EL BUEN FINAL DE UNA NOCHE TONTA

María se fue temprano con las estrellas, no bien terminamos el café. Con la venezolana andábamos con ganas de seguir la noche. Había onda, y el espectáculo de comer a la luz de unas velas al lado del gran proyector había resultado romántico. A fin de cuentas fue una cena improvisada e incómoda, pero allí estaba nuestro escritor preferido, aunque se le notara que quería quedarse solo. Estaba vestido con un traje celeste a rayas finitas, camisa y corbata azul. Le pedí un autógrafo en un inglés achaparrado y se sintió molesto. Entonces nos fuimos de allí.

Cuando toda la ingeniería argentina se le oponía por osado, Jan siempre decía que tenía algo que lo iba a salvar en caso de riesgo. Cuando le pedían que fuera más explícito, él se quedaba en silencio, mirando el cielo.

Ya casi habíamos llegado a la esquina de avenida Sarmiento y Alcorta, cuando advertí que me había olvidado la campera. El cielo estaba oscuro como un pozo, con nubes que amenazaban una lluvia pronta. Le dije a la venezolana que me acompañara; eran apenas cien metros, aunque a ella le pareció una distancia enorme. Al final aceptó. La puerta del Planetario estaba abierta. Subimos la escalera recta y la escalera curva. Mi campera era un bollo sobre la madera de la mesa, junto al cadáver magro de la cena. Mori fue quien primero escuchó el ruido.

Eran como unos golpes adentro de un túnel, sumados a una voz que venía desde otro lugar. La voz era de ruego. Salimos al pasillo circular que rodea la sala de proyección; la segunda puerta estaba cerrada. “Hay otras hacia allá”, dijo Mori, y comenzamos a caminar por el anillo vidriado de Saturno. Uno a uno, probamos todos los picaportes. El ruido y la voz, a cada minuto más acalorada, venían desde adentro mismo de la cúpula. Arrimé un cubo de basura a la pared y me subí, para espiar por una rendija entreabierta de los revestimientos.

En la penumbra interior del espacio entre cúpulas estaba Ray, calzado con sus botas de montar y su sombrero de cowboy. Amenazaba al empleado con un rebenque, desde lo alto de una escalera de gato. El empleado, desde abajo, le rogaba que bajara de ahí. Bradbury hizo palanca con el mango del rebenque en uno de los paneles de aluminio y metió la mano. Tiró con fuerza. El panel fue a parar con otro que ya estaba en el piso.

“Pum, pum, pum”, hicieron los tres puñetazos de Mori contra el revestimiento de madera. Ella había estado espiando por el ojo de una cerradura. “Qué bolas las de este musiú: está rompiendo la pantalla a coñazo limpio”, dijo, enojadísima. Y, luego: “¡Ey, Bradbury: deja ya de hacer esa vaina!”. Volví a mirar: Ray se bajaba de la escalera iracundo, enarbolando su rebenque. Iba hacia ella. El empleado se había guarecido en un rincón.

Salimos corriendo. Llegamos a la misma esquina empapados en transpiración. Con ese frío. Apoyé una mano en el hombro de Mori, para moderar mi respiración. Ray Bradbury no nos seguía. Ella tenía los ojos cerrados. La despertó un golpe muy leve en la frente.

El agua le corrió por la nariz hasta los labios. Una gota le cayó en un ojo, nublándolo. Otra le estalló en el mentón.
La lluvia.
Fresca, dulce y tranquila, caía desde lo alto del cielo como un elixir mágico que sabía a encantamientos, estrellas y aire, arrastraba un polvo de especias, y se le movía en la lengua como un raro jerez liviano. *

Cuando dejamos de besarnos, Mori levantó la vista al cielo.

–¿Adónde estará Marte? –preguntó.

Tomé aire para contestarle que no sabía. ¿Qué le habrían dicho a Bradbury para que se mostrara tan seguro de que su libro estaba en el interior de la cúpula del Planetario? ¿Era tan supersticioso como para no tolerar que esa primera edición hiciera de talismán a un arquitecto habitante de una tierra remota? ¿No le bastaba con el orgullo de saber que alguien había creído en su libro como estabilizador de un edificio maravilloso, por sobre todo cálculo matemático?

–Con vos iría a Marte, Mori –le dije.

* Párrafo extractado de “La mañana verde”, Ray Bradbury, Crónicas Marcianas, Minotauro.

Tercera bienal internacioal de Arquitectura de Rotterdam

September 14, 2006

POWER-Producing the Contemporary City (PODER-Produciendo la Ciudad Contemporanea) es el tema de la Tercera Bienal Internacional de Arquitectura de Roterdam que comenzará en 24 de mayo de 2007 en el Kunsthal. Dos grandes exposiciones, Visionary Power y De Nieuwe Nederlandse Stad (La Nueva Ciudad Holandesa) abiertas hasta el 2 de septiembre de 2007, mostrarán cómo puden jugar la arquitectura y el urbanismo un papel importante dentro del complejo sistema de fuerzas en el que se desarrolla la ciudad. Esta vez el conservador de la bienal es el Instituto Berlage: el internacionalmente reconocido instituto de educación de doctorado para arquitectos y urbanistas afincado en la ciudad.

El tema central de las dos exposiciones principales de la bienal es las relaciones de poder en la ciudad actual. Hasta ahora nunca habían vivido tantas personas en entornos urbanos: hoy en día es la mitad de la población, se calcula que dos terceras partes de la población lo hará en el 2050. Al mismo tiempo la ciudad se ha convertido en el campo de juego de diferentes formas de poder y grandes efectos de la globalización. Además de la política y el mercado hay otras fuerzas como la del miedo, la emigración, el envejecimiento, el consumo y el turismo que aceleran de manera importante el desarrollo urbano.
Todas estas tendencias hacen que la formación de la ciudad se torne cada vez más compleja, siendo la consecuencia que pocos arquitectos contemplen la ciudad como una unidad. Mientras las ciudades crecían a marchas forzadas se quedó obsoleto el manifiesto arquitectónico tradicional sobre la ciudad.
Dos preguntas actuales son: ¿Quién "produce" la ciudad contemporanea? y ¿quién es responsable del entorno urbano del mañana?. Las dos exposiciones de la bienal, Visionary Power y De Nieuwe Nederlandse Stad profundizan en estas dos preguntas.

El poder de la imaginación
Visionary Power es un cálido alegato por una imaginación arquitectónica renovadora capaz de dar forma a las ciudades del futuro. La idea básica es que la creciente complejidad de nuestro entorno urbano puede dar lugar al final de la relación entre arquitectura y ciudad, siendo que hay ahora más necesidad que nunca de estrategias urbanísticas. Visionary Power muestra las fuerzas de más influencia responsables de la "producción" de la ciudad. Grandes teóricos y arquitectos como Stephen Graham, Lieven de Cauter, Pier Vittorio Aureli, Brillembourg & Klumpner en John Urry han sido invitados a presentar sus investigaciones sobre "Corporate Cities" (corrientes de dinero mundiales), "Hidden Cities" (miedo), "Capital Cities" (representación), "Informal Cities" (emigración) y "Spectacle Cities" (turismo). Sus descubrimientos, reunidos en entrevistas e imágenes, finalizan en una serie de preguntas críticas y urgentes sobre el futuro de la ciudad. Estas son, a su vez, punto de partida para quince proyectos en ciudades que fungen como ejemplo de los fenómenos investigados como puedan ser Mombai, Caracas, Johannesburgo, Bruselas, Karachi, etc.
Estos proyectos y sus visiones han sido desarrollados por quince estudios de arquitectura de las regiones mencionadas, jóvenes profesionales de una generación cada vez más confrontada con la pregunta de cómo (sobre)vivir en nuestras ciudades futuras.

 

Perspectiva holandesa.
De Nieuwe Nederlandse Stad forma el contrapunto de esta investigación internacional con cinco estudios sobre regiones urbanas holandesas. Mantener la posición de competencia holandesa a nivel internacional en una época de globalización y explosión urbana a nivel mundial exige un gran salto de escala en la administración y  pensamiento a nivel urbano sobre la ciudad holandesa. Es por ello que la bienal de Roterdam, en colaboración con las correspondientes organizaciones gubernamentales, ha invitado a los arquitectos holandeses más destacados con experiencia internacional a realizar planes a gran escala y con perspectiva de largo término de La Nueva Ciudad Holandesa. Estos han realizado propuestas para ciudades-región como el ala norte y sur del Randstad(*), el centro de conocimiento de Brabanstad, la zona KAN (Arnhem-Nijmegen) y del triángulo Mastricht-Aken-Luik.

 

 Punto de encuentro

La sala inferior del Kunsthal, transformada en Power Lounge, será del 24 de mayo hasta el 10 de junio el punto de encuentro de la Bienal Internacional de Arquitectura de Rotterdam. El Power Lounge será durante las semanas de apertura el corazón de la bienal, el lugar de encuentro para invitados profesionales del país y extranjero y donde tendrá lugar el debate. Los interesados podrán vivir debates, charlas y conferencias. El Power Lounge es, junto a esto, una plataforma para partidos públicos o privados en el  campo de acción urbano. El tema social urgente de la bienal se une con ello a la realidad politicoeconónmica y social. La bienal como punto de encuentro tiene que conducir a nuevas ideas y colaboraciones concretas dentro de la política, cultura y economía.

 
La bienal tendrá lugar del 24 de mayo al 2 de septiembre. Las dos exposiciones centrales de la bienal se podrán ver hasta el 2 de septiembre de 2007 en la gran sala del Kunsthal. Del 24 de mayo al 10 de junio fungirá la sala inferior del mismo Kunsthal como Power Lounge: tres fines de semana y dos semanas continuas de conferencias, charlas, pequeñas presentaciones, workshops y eventos.

 

 Páginaweb de la bienal: www.biennalerotterdam.nl/biennale2007

X Curso Asentamientos Humanos ETSA Madrid

September 8, 2006

Recomendamos de manera MUY ESPECIAL, el siguiente curso que se celebra en la Escuela de Arquitectura de Madrid, y se considera uno de los mejores cursos existentes en España en relación con Cooperación al Desarrollo y Habitabilidad Básica.

 
 
Preinscripciones, aclaraciones y más información:  ARQUITECTA BELÉN GESTO:
belengesto@hotmail.com
 
RESUMEN:
 
Curso de Especialización de la Universidad Politécnica de Madrid sobre “COOPERACIÓN PARA EL DESARROLLO DE ASENTAMIENTOS HUMANOS EN EL TERCER MUNDO. Instrumentos de planeamiento urbano y alojamientos en Latinoamérica y África”,
 
Agradecemos su interés por el Curso y nos parece oportuno, especialmente para los que piensan desplazarse desde fuera de España, enfatizar que se trata de un Curso de Especialización, reconocido como tal por la Universidad Politécnica de Madrid para los participantes que cuenten con una titulación que ha de reunir ciertos requisitos legales y superen las condiciones que se detallan más adelante para conseguir la nota de APTO. Los que no cumplen la condición de titularidad exigida por la Universidad Politécnica de Madrid, pueden optar a un Certificado de Asistencia expedido por la dirección del Curso.

 

El Curso desarrolla sus actividades docentes únicamente en horarios de viernes (básicamente por la tarde y excepcionalmente alguna mañana) y sábados (mañanas). Cada participante ha de desarrollar un trabajo personal o en equipo, que supone un mínimo de unas 60 horas de dedicación. Para los futuros participantes que procedan de fuera de España, se les recomienda traer material gráfico y documental de alguno de los trabajos o proyectos en los que haya participado relacionado con los temas del Curso. 

 


DURACIÓN:   12 ENERO / 26 DE MAYO DE 2007

LUGAR:   E.T.S.A.M. AULA DEL ICHAB

HORARIO:    VIERNES:15:30 o 16.30 (según programa) A 20.30 o 21:30 (según programa) horas y SÁBADOS: de 10.00 a 14.00

INSCRIPCIONES:  

DEL 1 DE SEPTIEMBRE AL 30 DE NOVIEMBRE DE 2005 (Ver Notas Aclaratorias)

REQUISITOS:    TITULACIÓN UNIVERSITARIA:  (excepcionalmente, profesionales relacionados con la especialidad sin titulación, previa autorización del rectorado de la U.P.M.)

NÚMERO DE PLAZAS: 30

PRECIO MATRÍCULA: 1.100.- Euros. (Mil cien €)

TITULACIÓN:   “ESPECIALISTA EN COOPERA- CIÓN PARA EL DESARROLLO DE ASENTAMIENTOS HUMA- NOS EN EL TERCER MUNDO POR LA U.P.M.”

PÁGINA WEB: http://www.etsam.upm.es/Instituciones/jherrera/habitabilidad/info.html 

Get free blog up and running in minutes with Blogsome | Theme designs available here