Otra plaza que se secó
Una de cal y muchas de arena para el arte urbano
29-Septiembre-08 publicado en http://www.milenio.com
Fernando González Gortázar hace un recorrido por algunas de sus obras de arte en la ciudad y considera que están en condiciones “pésimas e insatisfactorias”, menos una: La Gran Puerta, que acaba de ser restaurada.
El arte urbano de Fernando González Gortázar propone el juego y la interacción con enormes estructuras geométricas. Se aventura a provocar sensaciones, como el latido de la naturaleza, a través de enérgicos borbotones de agua o simplemente insinúa un ejercicio de contemplación con grandes columnas que asemejan el cuerpo de un revólver. Su obra forma parte del paisaje urbano de la ciudad desde hace casi cuatro decenios y aunque alguna de sus grandes esculturas permanece de pie y luce una cara lustrosa, la mayoría refleja el paso del tiempo, la falta de mantenimiento o ha sido modificada con intervenciones que no tienen que ver con la proyección original del autor.
“En general percibo a mis obras en malas condiciones, eso puede variar desde el pésimo, hasta el insatisfactorio a secas. Si hiciéramos un repaso de las obras de escultura urbana que he hecho en Guadalajara, veremos que es bastante rápida, es decir, son realmente pocas las obras que tengo aquí y todas ellas son antiguas”, detalla el arquitecto y escultor, quien hace casi dos semanas visitó la ciudad para reinaugurar su primera obra de arte urbano: La Gran Puerta.
La escultura realizada en 1969, de casi 17 metros de altura, tuvo riesgo de colapso por la falta de mantenimiento, pero luego de más de dos años de trabajo conjunto entre González Gortázar y el Ayuntamiento de Guadalajara, así como una inversión de 3.3 millones de pesos, el monumento, que ya es un referente en la colonia Jardines Alcalde, volvió a ver su esplendor original.
Pero no todas las piezas han corrido con la misma suerte y el escultor apunta que el abandono en el que están algunas de sus esculturas se debe a que “las autoridades ignoran que este tipo de obras tienen importancia. Indudablemente la actual Administración del Ayuntamiento de Guadalajara está haciendo un esfuerzo para mantener en buen estado la infraestructura urbana y yo lo aplaudo, pero es insuficiente”.
El descuido de las autoridades respecto a las obras de arte urbano representan un agravio “no para el autor, sino para la ciudad. Cómo se vería una fuente abundante sin agua y llena de basura, que en vez de ser un objeto de orgullo para la ciudad, es una especie de ruina. Con esto quien ve su imagen dañada es la ciudad y por lo tanto la ciudadanía. El que estas obras estén en semejante estado lo único que revela es una dejadez, falta de compromiso y una falta de amor propio que las autoridades han tenido por lustros y de la cual se ha contagiado un enorme porcentaje de la población”, considera el arquitecto, que ha realizado proyectos en países como Japón y España y en los estados de Yucatán, Distrito Federal, Nuevo León y San Luis Potosí.
González Gortázar recuerda que su última pieza de arte urbano en Guadalajara, la Plaza del Federalismo, se realizó hace 33 años y “en todo el tiempo transcurrido después de esta obra no ha habido a quién le interese que yo trabaje para la ciudad. La última obra que hice de arquitectura fue hace 16 años y, a parte del edificio que me encargaron para la Villa Panamericana, he perdido toda esperanza de volver a hacer algo en mi ciudad”.
“Un trozo de naturaleza en medio de la ciudad”

La fuente de La Hermana Agua es la segunda obra de arte urbano construida por Fernando González Gortázar, en 1970. La pieza, que originalmente fue construida para reemplazar a un antiguo monumento de la colonia Chapalita, tenía el objetivo de presentar “un trozo de naturaleza en medio de la ciudad, de ser una imagen poderosa, salvaje, en la que era tan importante el sentido de la vista como el del oído”. Sin embargo, la pieza perdió su caudal con las obras del paso a desnivel de avenida Las Rosas, hace poco más de dos años. “Cuando se hizo el túnel, el sistema de bombeo fue renovado, pero la persona que hizo el cálculo hidráulico no entendió cuál era el efecto buscado en la fuente y el caudal resultó absolutamente insuficiente, es decir, nunca se recuperó la fuerza del agua”.
Hace algunas semanas, la pieza lucía con graffiti y manchas de humedad (foto). Ahora se realizan trabajos de remozamiento y aunque el director de Obras Públicas de Guadalajara, Gilberto Toscano, ha referido que se consultaría en todo momento al autor, las obras se iniciaron sin el permiso del arquitecto. Según Toscano, en administraciones anteriores se intervino la pieza de manera "poco afortunada", con una sustancia difícil de remover de los bloques de concreto. Ahora las acciones de mantenimiento se centran en la limpieza superficial de los bloques y además toda la estructura se pintó de gris, aunque el piso donde reposa el agua está sucio y la placa donde se indica el nombre de la fuente luce deteriorada.
La explanada del González Gallo luce “modificaciones graves”

El diseño de la plaza del parque Jesús González Gallo es una de las piezas más importantes de Fernando González Gortázar en la ciudad, por su valor arquitectónico y porque el espacio lleva el nombre de su padre, pero el autor —quien recuerda que la obra se realizó en 1973 junto con la Torre de Los Cubos—, describe que la pasada Administración del Ayuntamiento de Guadalajara “me dio una puñalada por la espalda, porque destruyó todo lo que yo había hecho en el interior del parque, encargó ese proyecto a otro autor y a mi plaza le hicieron modificaciones que me parecen graves, pero que son muy fácilmente reversibles y yo quisiera pedir que se reviertan”.
La explanada del parque (que se ubica sobre la avenida González Gallo, en su cruce con Salvador López Chávez) luce en franco deterioro. El piso está fracturado, tiene baches y hay basura, mientras que la pintura de las tres grandes estructuras conocidas como “las pistolas” está desgastada. Los muros centrales y laterales tienen graffiti y además se colocaron bolardos en el ingreso, “que no tienen nada que ver con el sentido del proyecto”. Entre otras intervenciones, realizadas sin el permiso del arquitecto, destacan el tapiado de algunos vanos del pórtico del fondo de la plaza, que antes lucían abiertos (foto), "con lo cual cambiaron totalmente el sentido del espacio y la intención de ese telón de fondo. Eso es algo que agravia mis derechos como autor, que modifica una obra que ha sido muy divulgada”, por lo que González Gortázar solicita al ayuntamiento tapatío que revierta las intervenciones porque “se puede recuperar con enorme facilidad y poca inversión”.
Los Cubos se conservan en estado “insatisfactorio”

La gran escultura, de cerca de 30 metros de altura, que se sitúa entre el nodo vial de avenida Vallarta, entre Patria y Manuel J. Clouthier, es una de las obras monumentales del arquitecto nacido en la ciudad de México 1942, pero radicado en Guadalajara durante su infancia y parte de su juventud. “En 1973 hice dos obras que se cuentan entre lo más importante de mi trabajo: La Torre de los Cubos y la plaza del parque González Gallo”, describe el autor.
La pieza que se entrelaza con 20 enormes cubos trabajados en concreto y pintados en blanco y negro quedó delimitada por un pequeño camellón, luego de la construcción del nodo vial y ahora es casi imposible poder acercársele, entre el tráfico de avenida Vallarta. “La Torre de los Cubos es una de mis obras que está en una condición insatisfactoria, pero no terrible”, considera González Gortázar. Aunque la pieza en general está en buen estado, la pintura de algunos cubos está descarapelada y en las caras blancas se perciben algunas manchas.
Una fuente “en espera de su resurrección”

La Plaza Fuente, fechada en 1973, se ubica en la Unidad Administrativa del gobierno del estado y, de acuerdo con el autor, la escultura “fue concebida como un espacio lúdico”, con módulos verticales de 25 centímetros de altura “para permitir que los niños pudieran treparse en esas colinas de columnas bañadas por el agua. Sin embargo, esto último hace ya décadas que es sólo una ilusión o un recuerdo”, describe el arquitecto.
Actualmente la fuente está seca y los módulos de la escultura lucen sucios y con basura. “No puedo entender por qué estando precisamente en el centro de edificios gubernamentales, no se tiene el interés mínimo, de que lo que fue concebido como fuente lo siga siendo”, apunta Fernando González Gortázar, quien añade que ya no recuerda cuándo fue la última vez que vio a la fuente funcionando como tal. “Desde luego la diferencia entre una fuente viva y una muerta es la que hay entre un ser humano que se mueve, habla, canta y un cadáver. Esa plaza es un cadáver en espera de su resurrección”.
La otra plaza que se secó

La obra de arte urbana “más reciente” de Fernando González Gortázar en Guadalajara se remonta a 1975, cuando se realizó la construcción de la Plaza del Federalismo (avenida Federalismo, entre Washington y España). La obra luce deteriorada, con graffiti y basura. Al igual que la Plaza Fuente, esta pieza dejó de ser fuente años atrás y apenas guarda el recuerdo de su función, con agua estancada y algunas manchas producidas por la humedad.
“Esta plaza era otro espacio en el que se podía transitar, caminar entre chorros de agua, pero ahora sólo existe en algunas cuantas viejas fotografías con el recuerdo. La obra está edificada en forma de triángulo y tiene una serie de cuadros hundidos, en cada uno de los cuales había un chorro de agua entre los que caminaba la gente, pero desafortunadamente corre la misma suerte que la Plaza Fuente”, describe el autor, quien también ha realizado obras arquitectónicas como la estación Juárez del Tren Ligero y el monumento central del bosque Los Colomos.
Guadalajara/Rebeca Pérez Vega


