Botnia y la tragedia del desarrollo

November 13, 2007
Publicado en Pagina 12.com.ar
Por Norma Giarracca y Miguel Teubal *

Y la chimenea comenzó a marcar una herida pestilente y oscura en el aire que atraviesa los cielos y las aguas azules del río Uruguay. La fábrica y la chimenea que por siglos nos contaron que eran símbolos de progreso, prosperidad, trabajo y desarrollo se pusieron en funcionamiento en Fray Bentos, Uruguay. Gustavo Esteva, uno de los críticos latinoamericanos más agudos de “este desarrollo”, dice que con él nos privaron de definir modos de construir la producción material y social de la vida basados en nuestras propias especificidades culturales. Se nos hizo creer que los procesos económicos, agrega, se desenvuelven con la misma fuerza de las leyes naturales. En estos días en que Botnia comienza a funcionar, consideramos importante deconstruir ciertos “mitos” que se utilizan para justificar estas inversiones capitalistas que tienen como centro los recursos naturales.

El crecimiento económico en particular de los países capitalistas desarrollados, pero también de la India y China, requiere crecientes recursos naturales, generándose “escaseces”, dado que son bienes que no pueden ser producidos fácilmente o en cantidad suficiente por los países altamente industrializados (que los esquilmaron en sus propios territorios). Por otro lado están las tecnologías “modernas” o de “última generación” y sus efectos devastadores sobre el medio ambiente y la salud pública. En los países centrales existen regulaciones o controles que tienden a limitar estas actividades, pero esto acarrea un aumento significativo de sus costos, reduciéndose sustancialmente su rentabilidad. Como consecuencia, sea por la escasez o por sus efectos contaminantes, las empresas que utilizan los recursos naturales en escala mundial tienden a instalarse en los países fuera de sus territorios de origen, donde los mundos sociales de quienes toman las decisiones están a salvo. Asimismo, tienden a generar enormes súper ganancias, o “rentas diferenciales a escala mundial” que –tras décadas de privatizaciones y desregulaciones– son apropiadas por estas grandes empresas y por un puñado de Estados del Norte. En la periferia, la explotación de estos recursos naturales genera no sólo fabulosas ganancias, sino sobreganancias que denominamos “rentas”. Se trata de recursos no producidos por el trabajo humano: son la tierra, el agua, los ríos cercanos, los cerros, etc. Por más dinero que genere el Norte, por más capital que acumule, por más que suban sus “bolsas”, no puede recrear los montes nativos, que son los que cobijan la biodiversidad, los ríos con agua potable, la tierra fértil…

Por otro lado, una tecno-ciencia al servicio del capital concentrado argumenta que esos recursos sin las nuevas tecnologías no son explotables y “no sirven para nada”. Gran falacia: desde que el hombre es hombre se relacionó con los bienes naturales y con los otros seres vivientes para la propia reproducción de la vida material y generó técnicas, herramientas para usarlos en forma sustentable. El resultado es que unas culturas los cuidaron y aún los poseen y otras –las del Norte– los esquilmaron. Otro argumento que circula es “¿cómo vamos a estar en contra de la producción de papel?” y raudamente se mencionan los libros, para tocar algo valorado por nuestros pueblos. Basta recorrer la ciudad de Nueva York a las siete de la tarde para comprobar lo que significa la sociedad del desperdicio: kilos y kilos de papel como basura que diariamente los habitantes de las grandes ciudades del desarrollo usan y tiran para que el molinete de la producción papelera vuelva a comenzar y a obtener sus superganancias.

Este desarrollo, el modelo del agronegocio, que también es el forestal, el minero, etc., es devastador no sólo para Uruguay, sino para Argentina, Chile, Brasil, Paraguay, y debería ser materia de debate no sólo en las Asambleas de Autoconvocados de toda la América Latina, sino en el marco del Mercosur, en la Comunidad Andina (CAN), en el seno de las sociedades en general.

* Giarraca es socióloga y profesora de Sociología Rural (UBA); Teubal es economista e investigador superior del Conicet.

Lord Richard Rogers. Entrevista

September 12, 2007

Fuente Diario La Nacion, Arg

Frente al río Támesis están los almacenes que el arquitecto Richard Rogers (Florencia, 1933) reconvirtió hace décadas en su despacho. Acaba de ganar algo así como el Nobelde Arquitectura, el Premio Pritzker, pero el renacer del estudio del autor del Centro Pompidou, el rascacielos Lloyds en la City londinense, se cuece desde hace una década. Hoy levanta edificios en Nueva York, Japón, Corea, Burdeos, Amberes, Barcelona y Londres. Inaugura viviendas sociales sostenibles y construye pisos de lujo en la orilla sur del Támesis, la zona de Londres que, tras un ciclo de charlas en la BBC, consiguió resucitar. Esas charlas –recogidas en el libro Ciudades para un Planeta Pequeña– lo encumbraron como el arquitecto de Tony Blair, lo convirtieron en el artífice de la reconversión de Londres y lo hicieron lord, lord Rogers of Riverside. Un lord en bicicleta, que llega puntualmente, pedaleando.

–Blair ha sido una figura clave en la arquitectura de su país y en su propia carrera. ¿Cómo juzga su legado?

–Si hablamos de regeneración urbana, sin duda él sentó las bases para la regeneración de las ciudades británicas. ¿Cómo? Densificándolas. Ha dado prioridad a la reconstrucción de los núcleos urbanos en lugar de apostar por la expansión y el crecimiento, que es lo que las ciudades hacen hoy. Por primera vez en mucho tiempo, la gente está regresando al centro.

–¿Por qué es importante que la gente regrese al centro?

–Porque es la vida diaria de los ciudadanos lo que construye una ciudad. Una ciudad habitada está siempre más cuidada. No podemos tener vacíos en el centro por la delincuencia y salir a construir afuera como si en el corazón no pasase nada. Las ciudades deben tener un límite. Antes de apostar para extenderlas, hay que tratar de recuperar y sanear los centros. En España estamos todavía en la etapa uno. Los precios hacen muy difícil vivir en el centro de las ciudades. Aquí tratamos de compensarlo con vivienda social. La vivienda social no puede estar en guetos. Si apostamos por la integración, debe repartirse por todos los barrios.

–¿Cómo integrar a la población con la arquitectura?

–Poniendo límites. En Londres hemos dibujado una línea, una barrera que no podemos superar. Lo hemos llamado cinturón verde. Y allí ya no se puede construir. Sólo en el futuro, cuando no nos quede ni un pedacito de terreno en la ciudad que podamos reaprovechar. Perseguimos la densificación.

–¿Por qué?

–La gente que vive en ciudades compactas tiene mejor vida como peatón. Consigue caminar por su ciudad. Un número elevado de ciudadanos justifica inversiones en transporte público. Si la ciudad es de las extendidas, la vida se hace en el coche. Y eso trae más problemas ambientales, de ruido, de aparcamiento o de seguridad. Cuando los centros se abandonan, se convierten en guetos, y las ciudades están perdidas. Ese es el principal problema de Estados Unidos. Ken Livingstone, el alcalde de Londres, ha llevado esas ideas un paso más adelante. Londres espera tener un millón de habitantes más en los próximos años. Y ha decidido que no se van a levantar nuevos barrios. Se van a recuperar zonas internas.

–¿Qué ha ganado y qué ha perdido su arquitectura en cincuenta años de profesión?

–Uno pierde y gana al vivir. Forma parte del juego. La mayor ganancia ha sido que hicimos un informe sobre el urbanismo de Londres. Y el gobierno decidió convertirlo en su línea de actuación. No lo aplican al ciento por ciento, pero lo asumieron. Soy una persona que disfruta envejeciendo. Creo que la vida es mejor con más experiencia. Y pienso que esa idea me viene de los problemas que tuve en la infancia. Si empiezas mal, lo tienes más fácil para mejorar. Claro que, con 73 años, el futuro puede ser más corto ahora que antes.

–Cuando empezó, ¿quién quería ser?

–Vengo de Florencia. Y uno que viene de Florencia quiere ser Brunelleschi. No lo digo en broma. Las ideas que he defendido siempre sobre el espacio público, la plaza para encontrarse, todo eso viene de la Italia renacentista, de la influencia helénica. La relación entre la sociedad y la arquitectura es el espacio público: el lugar de encuentro e intercambio de ideas. Yo me siento cercano a todos los arquitectos que tratamos de hacer evolucionar el movimiento moderno sin darle la espalda. Nosotros quisimos asimilar la lección de nuestros maestros y dar algo más. ¿Qué más se podía dar? Ellos habían pensado en la manera simple de construir; la manera económica, rápida y democrática: el cubo. A nosotros, en cambio, nos tocó llegar a la gente.

–¿Con qué frecuencia necesitan cambiar las ciudades?

–No cambian, evolucionan. Las mejores calles de Inglaterra son, todavía hoy, vías romanas. Uno de los errores que cometemos arquitectos y políticos es que cambiamos las ciudades con demasiada frecuencia. En lugar de cambiarlas con suficiente radicalidad para dejarlas descansar una temporada. La culpa la tiene el plazo político de los cuatro años. El éxito de Barcelona es que logró empalmar tres turnos de alcaldes persiguiendo el mismo objetivo: mejorar la ciudad. Una ciudad no se cambia en menos de quince años. Lo que disfrutamos de las ciudades no ha cambiado en toda la historia de la humanidad: caminar con tu pareja por una calle agradable, sentarte en los escalones de la puerta de casa al sol. Esas cosas cotidianas son básicas. Dan calidad a la vida. Mientras el ciudadano no tenga lugares de paseo y tranquilidad frente a su casa, no confiará en la arquitectura. Y en los políticos.

Por Anatxu Zabalbeascoa Para LA NACION

Río de Janeiro remodelará las favelas

September 7, 2007

En la imagen, el acceso a las favelas segun el proyecto de O. Niemayer

Fuente: Diario El Mercurio de Sgo. de Chile, 6 sept 2007

Millonario plan, que incluye obras del arquitecto Oscar Niemeyer, beneficiará a los barrios más pobres y peligrosos. ——————————————————————————– Una enorme piscina pública, canchas de fútbol, un teleférico, un diseño modernista del arquitecto Oscar Niemeyer y edificios residenciales serán construidos en Rocinha, una de las favelas de Río de Janeiro más conocidas. Las mejoras son parte de un proyecto presentado ayer por el gobierno de Río de Janeiro al gobierno federal para refaccionar las favelas e incluirlas en el trazado urbano de la ciudad, como parte del Programa de Aceleración del Crecimiento (PAC), el eje del segundo gobierno del Presidente Luiz Inácio Lula da Silva. Al anunciar el proyecto en julio, el Presidente Lula prometió que el Estado recuperará espacios usurpados por el narcotráfico y lamentó que estos barrios hayan sido "abandonados" durante décadas. El programa federal prevé en total inversiones por el equivalente a unos US$ 1.700 millones para urbanización, salud y educación, en un esfuerzo por "competir" con las bandas de narcotraficantes para conquistar a la comunidad, dijo el gobernante, consignó EFE. Las obras beneficiarán a las principales y más peligrosas favelas de Río de Janeiro: Rocinha, Complexo do Alemao, Manguinhos, Complexo do Cantagalo y Morro do Preventorio (en la vecina Niteroi). Una de las partes más llamativas de la nueva urbanización es una obra del famoso arquitecto Oscar Niemeyer, que se instalará en la Rocinha, la más grande de la ciudad. El proyecto consiste en un enorme arco y una pasarela para peatones que integrará esa población, asentada en una ladera, con avenidas adyacentes y con el exclusivo barrio de "Sao Conrado", según detalles de la obra publicados ayer por el diario "O’ Globo". El arco diseñado por Niemeyer estará integrado a la sinuosa pasarela y curiosamente recuerda a la M estilizada de la cadena de comida rápida McDonald’s. Nuevas casas Las nuevas obras en Rocinha incluyen, además de la piscina, un complejo deportivo, un plano inclinado de acceso a la comunidad, dos guarderías, un minihospital y 500 nuevas viviendas en la parte alta, destinadas a las familias que serán desalojadas a causa de las obras de reurbanización en la parte baja. Los fondos para ejecutar el proyecto provendrán del llamado Programa de Aceleración del Crecimiento, para el que se han anunciado inversiones por unos 250.000 millones de dólares hasta el 2010, especialmente en energía, infraestructura, servicios, industria, comunicaciones y saneamiento urbano. INVERSIÓN SÓLO en Río de Janeiro se invertirán US$ 450 millones del total de US$ 1.700 millones destinados al plan general del gobierno federal.

Osvaldo Romberg: “Arquitectura no es arte”

July 5, 2007

Render con la obra de Romberg en una de las salas del ex Palacio de Correo, donde funciona la sede transitoria del Museo de Arte Moderno (Av. Corrientes 172, segundo piso)

Después de 40 años sin exponer en la Argentina, el reconocido artista conceptual Osvaldo Romberg -miembro del mítico Instituto di Tella- inaugurará mañana Huellas de edificios , muestra dedicada al arquitecto Eduardo Sacriste, organizada por el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires y curada por Laura Buccellato. La constante en la obra de Romberg es tomar un edificio contemporáneo y cruzarlo con otro antiguo, o con textos. Por eso esta exposición celebra la obra de muchos arquitectos de la historia, pero en especial la de cuatro grandes vernáculos: Amancio Williams, Clorindo Testa, Emilio Ambasz y Justo Solsona. Esas huellas (término acuñado por Sacriste para referirse a las plantas de los edificios) denotan cómo se habitaban esos espacios, y al recorrerlos miles de años después se puede atrapar el rastro poético que nos recuerda la memoria de otras civilizaciones.

-Usted estudió Arquitectura y dejó en el último año, ¿por qué?

-Yo quería estudiar Bellas Artes; pinto desde los 6 años. Mi papá me convenció de que siga Arquitectura, pero no hay cosa más opuesta que el arte y la arquitectura. En el último año de la carrera me di cuenta de lo que significaba trabajar para un cliente, y me daba asco. Debía imponer ideas que yo no podía aceptar porque, por una cuestión económica, quien financia, manda. Mientras que en el arte uno hace lo que quiere, la producción es muy diferente a la del arquitecto. Por otro lado, la limitación no sólo es de dinero: la primera es el usuario, es una demanda lógica, cada persona tiene una forma de vivir determinada, que no la delimita el arquitecto.

-¿Existe algún elemento que atraviese toda su obra?

-El macrohumanismo, término que creo haber inventado. A través de esta palabra intento decir que estoy a favor de un humanismo total que contemple toda la escala de valores humanos, incluso el universo. Con esto quiero decir que veo al hombre y sus secreciones culturales, religiosas y biológicas como un todo imposible de dividir. Para mí el arte pertenece a las ciencias naturales, no a las ciencias sociales; somos parte de un desarrollo y, por eso, considero al universo padre de todas las cosas.

-¿Qué le gustaría que le pase a quien vea su obra?

-Quiero que sirva para pensar en otra cosa, que la gente sienta que está en este mundo; que se dé cuenta de su unicidad, que uno es un universo hasta que se muere. Intento que la gente pueda mejorar el awareness (toma de conciencia) de su propia vida; que le abra un pequeño río que lo haga ir a otra parte.

-¿Quién le abrió a usted un pequeño río ?

-Duchamp, cuando empecé a estudiarlo me di cuenta de que el arte no era sólo visual, que el arte era una alegoría de otra cosa, que había una influencia mental y, por supuesto, emocional porque si era sólo visual estaba liquidado.

-¿Qué piensa del arte actual?

-Es la estética del terrorismo, del todo vale, del capitalismo que compra y hace callar la boca; si de esto se trata, entonces hay que volver al underground . En mi generación la originalidad era un valor, ahora es lo llamativo o espectacular; no estoy en contra de que vendan, sino de una forma de tener éxito rápido y fácil, complaciente de un sistema decadente, sin valores morales de tipo ético o estético. Hoy si una persona tiene plata es respetado, aunque sea una bestia.

-Hay artistas que viven en el exterior que lamentan no exponer en la Argentina. Usted no lo hace desde hace 40 años.

-Yo quiero recuperar la Argentina; vivo pensando en Buenos Aires y me gustaría estar más presente. No estoy resentido, pero el dicho El que se fue de su villa perdió su silla es cierto. No se puede pensar que la gente le va a guardar a uno el lugar.

Mariana Liceaga

“No soy un artista que hace arte el fin de semana”

Romberg se fue de la Argentina en 1973. Trabajaba en Tucumán y la situación social y política estaba complicada. No se identificaba con ninguna ideología. Entonces decidió tomarse un año sabático y partir a Israel. Pero como las cosas se pusieron aún más difíciles en la Argentina, se quedó allá. Comenzó a dar clases en una academia de arte de la que más tarde fue director.

En su exilio comenzó una intensa producción que lo llevó a exhibir en todo el mundo. En 2002 inauguró una muestra el mismo día en 14 ciudades del mundo. Hoy siente que es más curioso de lo que era a los 20 años, y permanentemente tiene un proyecto nuevo entre manos.

Desde hace 14 años vive entre Filadelfia y Brasil. En Filadelfia (lugar emblemático en Estados Unidos, donde están las más antiguas y mejores universidades de Bellas Artes) desarrolla una intensa actividad pedagógica. En esta ciudad tiene un estudio, también otro en Nueva York y otro en Colonia (Alemania). Es consultor de la Universidad de Pensilvania y curador de la Slought Foundation. En Brasil tiene una isla frente a Angra Dos Reis. Allí va todos los veranos (del hemisferio norte) y pasa tres meses donde se relaja y produce “sin limitación ni teléfono”.

Está casado con una antropóloga argentina y tiene cuatro hijos que de alguna manera siguieron su camino: se dedican a la arquitectura, al cine y al arte. “Soy un artista que enseña, no un artista que hace arte los fines de semana. La prioridad es el arte, pero la reflexión de la enseñanza me enriquece, me da energía. El tener que contestar preguntas me obliga a redefinir las cosas de una manera más simple”, concluye Romberg.

Fuente: www.lanacion.com.ar suplemento de arquitectura

Los arquitectos españoles vuelven su mirada al mundo

July 3, 2007

fuente http://www.cincodias.com

El pasado 11 de mayo el mercado puso precio a la cabeza de Norman Foster: 300 millones de libras. Ese día, la firma británica de capital riesgo 3i desembarcaba con una participación minoritaria en Hester Road y un selecto grupo de socios y amigos anunciaban su compromiso financiero con Foster & Partners. El arquitecto británico se convertía oficialmente en marca, con franquicias en las principales plazas del mundo, incluida Madrid.

Los tiempos han cambiado, y mucho, desde que Mies van der Rohe pronunciara el aforismo que marcó su obra y la de sus discípulos: ‘Menos es más’. Los cimentos de la arquitectura se han removido. Internacionalización, complejidad y espectáculo obligan a mirar con ojos nuevos el espacio y la creación. La franquicia y el conglomerado empresarial, invento norteamericano, pisa los talones en Europa al creador solitario. Son pocos los que pueden, o quieren, resistirse al cambio. España -46.340 profesionales y 3 millones de euros de rentas asociadas (1,5% del PIB) - no podrá por mucho tiempo mantenerse al margen.

Alberto Campo Baeza augura la muerte de la arquitectura pensada, Rafael de la Hoz, por el contrario, no le teme al futuro: ‘Hace una década mi despacho valía lo que valía el inmueble donde estaba instalado el estudio, hoy somos propietarios de una idea y esa idea se cotiza en el mercado. Bienvenido sea el cambio’.

Las dos vocaciones -la del arquitecto empresario y la del creador que se resiste a serlo- conviven hoy en nuestro país. Y las dos trabajan con el deseo de pervivencia. ‘Hay oportunidades para todos’, anuncia Carme Pinós.

El futuro se está escribiendo ahora. Hay quien ve incluso ventajas a la fusión de nombres propios, un maridaje al que sólo son adictos los matrimonios de arquitectos. ‘El diálogo con el cliente, cuando éste es una organización, resulta siempre más fácil, y permitirán la elección de grandes proyectos, porque en estos casos el estudio tiene colchón financiero suficiente para soportar la parálisis, demasiado frecuente, de proyectos’, explica Rafael de la Hoz.

En medio del cambio se escucha la voz de Emilio Tuñón y Luis Mansilla, recientemente premiados con el Mier van de Rohe por su Musac: ‘Nuestra presencia internacional tiene mucho que ver con los trabajos construidos en España. Apostamos por el fin de la arquitectura rabiosamente internacional’.

La Torre Cube ha convertido la ciudad mejicana de Guadalajara en un punto de encuentro para los arquitectos de renombre internacional. Allí se alza magnífica la Torre Cube, una obra de la catalana Carme Pinos que acaba de ser premiada por la IX Bienal Española de Arquitectura y Urbanismo.

El proyecto nació de la voluntad de crear oficinas ventiladas e iluminadas todas ellas con luz natural y evitar el uso de aire acondicionado. A Pinos, su cliente sólo le exigió singularidad, ya que la parcela está situada en una zona de alto standing y la competencia en el alquiler de oficinas es alta. El resultado es un proyecto que causa admiración en todo el mundo.

La proyección internacional de esta arquitecta, Premio Nacional de Arquitectura por la Escuela-Hogar de Morella, no ha cambiado su concepción del oficio que practica desde hace más de dos décadas. ‘Yo nunca tuve la necesidad de prepararme para trabajar en el exterior, sólo quiero ser una buena arquitecta. En este despacho no hay estrategia empresarial. Me gusta experimentar y prefiero no crecer’.

Pinos es muy crítica con la arquitectura espectáculo. ‘Sólo conozco el secreto de la buena arquitectura, y éste es dar una respuesta a cada problema. Eso no es posible cuando se tienen 30 proyectos entre manos’.

Alberto Campo Baeza está construyendo un jardín secreto para los niños de Treviso (Italia). Allí, el arquitecto gaditano (en la foto, junto a su cliente, Luciano Benetton) ha levantado una caja circular abierta al cielo para que los hijos de los empleados de la firma de ropa italiana y los chicos del pueblo jueguen y crezcan. Es un proyecto muy querido y pensado, como toda la obra que dibuja Campo Baeza, el más crítico de nuestros arquitectos con el star system. ‘Mi obra es tan internacional como la de esas multinacionales’, dice sin temor a ser tachado de vanidoso. ‘Pero yo no quiero convertirme en una empresa. Hay sitio para todos’.

Autor de una obra escueta y reconocida, Campo Baeza trabaja en estos momentos en Toledo y Nueva York. Allí se encuentra uno de sus proyectos más meditados, la Olnick Spanu House, una casa pensada para disfrutar del silencio y de la corriente del río Hudson. Pronto viajará a Argelia, donde el ministerio de Asuntos Exteriores español le ha encargado unas oficinas. Pero no habrá más por el momento. Su renuncia a crecer es una opción meditada. ‘ Sólo soy capaz de alumbrar media docenas de proyectos’, se excusará.

Campo Baeza ‘Mi obra es igual de internacional que la de esas empresas’

 

 

Alberto Campo Baeza está construyendo un jardín secreto para los niños de Treviso (Italia). Allí, el arquitecto gaditano (en la foto, junto a su cliente, Luciano Benetton) ha levantado una caja circular abierta al cielo para que los hijos de los empleados de la firma de ropa italiana y los chicos del pueblo jueguen y crezcan. Es un proyecto muy querido y pensado, como toda la obra que dibuja Campo Baeza, el más crítico de nuestros arquitectos con el star system. “Mi obra es tan internacional como la de esas multinacionales”, dice sin temor a ser tachado de vanidoso. “Pero yo no quiero convertirme en una empresa. Hay sitio para todos”. Autor de una obra escueta y reconocida, Campo Baeza trabaja en estos momentos en Toledo y Nueva York. Allí se encuentra uno de sus proyectos más meditados, la Olnick Spanu House, una casa pensada para disfrutar del silencio y de la corriente del río Hudson. Pronto viajará a Argelia, donde el ministerio de Asuntos Exteriores español le ha encargado unas oficinas. Pero no habrá más por el momento. Su renuncia a crecer es una opción meditada. “ Sólo soy capaz de alumbrar media docenas de proyectos”, se excusará.

 

Carme Pinos. ‘No quiero crecer, sólo experimentar’

 

 

La Torre Cube ha convertido la ciudad mejicana de Guadalajara en un punto de encuentro para los arquitectos de renombre internacional. Allí se alza magnífica la Torre Cube, una obra de la catalana Carme Pinos que acaba de ser premiada por la IX Bienal Española de Arquitectura y Urbanismo.

El proyecto nació de la voluntad de crear oficinas ventiladas e iluminadas todas ellas con luz natural y evitar el uso de aire acondicionado. A Pinos, su cliente sólo le exigió singularidad, ya que la parcela está situada en una zona de alto standing y la competencia en el alquiler de oficinas es alta. El resultado es un proyecto que causa admiración en todo el mundo.

La proyección internacional de esta arquitecta, Premio Nacional de Arquitectura por la Escuela-Hogar de Morella, no ha cambiado su concepción del oficio que practica desde hace más de dos décadas. “Yo nunca tuve la necesidad de prepararme para trabajar en el exterior, sólo quiero ser una buena arquitecta. En este despacho no hay estrategia empresarial. Me gusta experimentar y prefiero no crecer”. Pinos es muy crítica con la arquitectura espectáculo. “Sólo conozco el secreto de la buena arquitectura, y éste es dar una respuesta a cada problema. Eso no es posible cuando se tienen 30 proyectos entre manos”.

 

Nieto y Sobejano. ‘Mayor tamaño no implica mayor calidad’

 

 

La formación juvenil de este equipo, alemana e inglesa, y su paso por la Universidad de Columbia tras licenciarse en España ha condicionado su temprana vocación internacional. Hoy, el estudio de Fuensanta Nieto y Enrique Sobejano acoge a profesionales de todo el mundo -alemanes, portugueses, norteamericanos, holandeses y austriacos, además de españoles- y se dispone a iniciar una nueva aventura en Berlín, donde acaban de abrir delegación, ‘para tener un mayor control de los proyectos que llevan nuestro nombre, pues mayor tamaño no implica en absoluto mayor calidad’, dicen. Interesados, sobre todo, en aquellos encargos que suponen ‘un reto por su relación con el lugar’, Nieto y Sobejano trabajan actualmente en la ciudad holandesa de Groningen, donde proyectan una torre de usos mixtos, en la ciudad alemana de Halle, con el mandato de ampliar el Museo de Arte Expresionista de Moritzburg (en la foto), y en Graz (Austria), en cuyo centro histórico, protegido por la Unesco, tienen previsto ampliar unos grandes almacenes y rehabilitar el museo Joanneum.

 

Beth Galí. ‘La limitación es una fuente de inspiración’

 

 

De familia de artistas -padre diseñador y abuelo pintor-, Beth Galí (1952), casada con el arquitecto Oriol Bohigas y madre de dos hijos, se inició como arquitecta municipal en Barcelona. Ahora, sigue pensando la ciudad, pero fuera de España. Sus actuaciones para rehabilitar los cascos históricos de Cork, en Irlanda, cuyo resultado puede contemplarse en la foto pequeña, y de Hertogebosch (Holanda) han sido reconocidas con varios premios internacionales. Hoy, de los 12 proyectos que la firma Galí tiene en marcha, el 80% son encargos internacionales.

Galí lleva más de 20 años trabajando fuera de España. Sin embargo, la autora de la zona de baños del Fórum de Barcelona se resiste a transformar su estudio (20 colaboradores) en una empresa. ‘Para mí cada edificio es único. La arquitectura del star system no sólo es aburrida y repetitiva, es un mal ejemplo para los jóvenes que empiezan. La limitación es una fuente importante de inspiración’, nos dirá. Galí no descarta los encuentros con otros arquitectos, pero sólo puntuales. ‘Somos todos demasiado vanidosos’. Y recuerda su alianza con Gae Aulenti para rehabilitar el Museo de la Lengua de Málaga.

 

Rafael de la Hoz. ‘No cuestiono el tamaño de los estudios, sólo sus obras’

 

 

Tiene 52 años, un centenar de profesionales a su cargo y ‘una salud de hierro’. Ironiza sobre ello cuando se le pregunta por las habilidades de los arquitectos del star system. ‘Cuentan de Jean Nouvel que ha llegado a supervisar unos planos en la sala de espera del aeropuerto en un tránsito a China y que se reúne con sus colaboradores a las cuatro de la mañana en un bar de París porque ya no le quedan horas. Ésa no es vida’, dice.

Sin embargo, Rafael de la Hoz se resiste a no ser internacional. Hace unos años fue a China de la mano de Sol Madridejos y Juan Carlos Sancho y se volvió porque ‘no le merecía la pena el esfuerzo’. Ahora ha vuelto a intentarlo con Carlos Lamela como socio. Juntos han abierto delegación en los Emiratos Árabes. Cree en el arquitecto empresario, en la seguridad que da tener detrás de la firma un inversor. Y mientras esta realidad se impone en España sigue dibujando dentro y fuera de nuestro país: en el gueto de Varsovia, donde construirá un complejo hotelero y residencial, en Portugal y en Alemania, donde hoy tiene paralizado uno de sus proyectos más queridos, el centro de control aeroespacial Galileo, en Múnich. ‘Lo importante no es el número de profesionales de una firma, sino la calidad de los proyectos que éstos ponen en pie’, apostilla.

 

Carlos Lamela. ‘Abrir delegaciones es obligatorio para proyectarse en el exterior’

 

 

Carlos Lamela ha heredado la vocación internacional de su padre, que en los años 70 abrió brecha construyendo en Colombia, Ecuador y Panamá.

El año 2002 supone un punto de inflexión para la firma y Lamela se apunta un tanto en su carrera en el exterior, al ganar, en alianza con Ferrovial, el concurso que promueve la construcción del aeropuerto de Vasovia: un proyecto pensado para facilitar el tránsito de 12,5 millones de viajeros al año. Fue entonces cuando el autor de la T4 de Barajas se da cuenta de la importancia de abrir delegaciones en el extranjero para competir con los profesionales franceses, italianos y británicos. Polonia es el primer país elegido.

Carlos Lamela es un firme defensor del arquitecto empresario -lidera un equipo multidisciplinar con más de un centenar de profesionales, entre los que hay arquitectos, ingenieros, informáticos y biólogos- y da la bienvenida a los procesos de fusión ‘que están por llegar’.

En el año 2005 otro concurso le da pie para instalarse en México. Se trataba de la creación de un call center (en la foto) para el grupo Santander en la ciudad de Queretaro, hoy en construcción. La oficina de México DF cuenta con el asesoramiento de varios arquitectos locales. Su última apuesta internacional le obliga a viajar con frecuencia a Abu Dhabi. Allí acaba de abrir junto a Rafael de la Hoz otro despacho. Los dos amigos se preparan para aprovechar la explosión constructiva que vive este país del Golfo Pérsico, donde la falta de arquitectos está obligando a a la importación de profesionales.

 

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